Hacia la trampa de la deuda.

Por Eduard Victoria

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La República Dominicana está transitando un camino muy peligroso que podría dar al traste con nuestra frágil estabilidad social.

La deuda de nuestro país se ha estado incrementando de forma alarmante. Incluso el FMI ya nos está alertando acerca del nivel que está alcanzando.
Ya la deuda está por encima del 50% de nuestro Producto Interno Bruto. Es decir que debemos mas de la mitad de todo lo que producimos durante un año.
Y pagamos, solo en intereses, el 40% de todo lo que nos ingresa. Por lo que solo queda un 60% para cumplir con los compromisos de educacion, salud, seguridad, inversión en infraestructura, entre otros.

Hace unos meses salió un artículo en el El Nuevo Herald de Miami titulado: República Dominicana sigue a Puerto Rico y Venezuela en camino a la insostenibilidad fiscal.  Relataba que nuestro país había adoptado la misma receta que ha conducido a otros países al desastre económico, incurriendo en préstamos con tasas excesivamente altas para financiar un desenfrenado gasto público. Estamos acumulando un déficit año tras año desde el 2000 y esos deficits se han estado financiando con endeudamiento. Y lo peor de todo es que tal como ha ocurrido en Venezuela que gran parte de esos fondos se han destinado a fines dudosos.
Con esa deuda se pagó el fraude de la Odebrecht, la sobrevaloración de sus proyectos, el soborno en la compra de lo Tucanos, y también hay que añadir compra de conciencias y lealtades políticas através de sueldos onerosos a politicos y periodistas, negocios oscuros con empresarios, tráfico de influencias, entre otras maniobras perjudiciales que frenan nuestro desarrollo.
Llegará un momento en que nos cortarán los créditos, a menos que hagamos una reforma tributaria, que es lo mismo que un aumento de la carga impositiva, lo cual nos perjudiacará a todos, especialmente a los mas pobres y como siempre a la clase media, que producirá un acelerado empeoramiento de nuestra precaria calidad de vida, que podría provocar una serie de protestas y disturbios que desembocaría en  una crisis profunda de impredecibles consecuencias.
Las deudas son una trampa en la que es muy fácil caer, pero de la que es muy difícil salir.

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