Opinión: El reto del presente

Por: Arq. Geraldo Fernandez

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Nuestra querida ciudad se encuentra en el quizás sea el momento más complicado de su historia y no es algo que se pueda tomar a broma, pues si las tendencias actuales siguen su curso, podemos irnos olvidando de tener una ciudad donde podamos desarrollar nuestras capacidades y satisfacer nuestras necesidades biológicas, psicológicas y sociales con un mínimo de condiciones adecuadas.

El caso es que el crecimiento económico de la ciudad no ha podido ser traducido en desarrollo y ya tiene buen tiempo provocando problemas donde debería crear oportunidades. Hoy en día los conflictos del tránsito, de la basura, de la marginalidad, del uso de suelo, el déficit de espacios públicos y el deterioro medio ambiental van mermando rápidamente la calidad de vida de los ciudadanos del área urbana del municipio.

Todo indica que para hacer efectivo el plan de ordenamiento vial, las autoridades tendrán que emplearse mucho más a fondo con acciones que rescaten y relancen el proyecto, el caos vehicular afecta la dinámica económica de la ciudad, la gente pierde tiempo, deja de ganar dinero y ve afectado su estado de ánimo. En cuanto al problema de la basura el enfoque urgente debe ir dirigido a buscar la forma de recoger ese 33% de residuos sólidos que se va por nuestros ríos y cañadas y a resolver el tema del botadero (no vertedero) municipal ubicado en una zona de interés ecológico y turístico.

La marginalidad sigue su acelerado crecimiento manifestándose en el cinturón de miseria que inicia en la cabeza del Puente Nagua y se extiende hasta las parcelas de arroz del kilómetro cinco de la carretera a San Francisco de Macorís ocupando lo que a futuro debería ser nuestro cinturón verde, el pulmón natural de una ciudad que crece asfixiada por el calor, el cemento y el hedor de las cañadas contaminadas. En otros puntos de la ciudad se puede observar cómo se consolida este modelo de asentamientos marginales y vulnerables.

Al problema de la ocupación de terrenos vulnerables y no urbanizables por personas de escasos recursos, se suma el irresponsable proceso urbanizador de propietarios que han convertido parcelas de arroz en solares, afectando seriamente procesos ecológicos, económicos y sociales que se ven alterados por esta actividad criminal. Un recorrido por la ribera del río Nagua espantaría a cualquier persona con un mínimo de preocupación por el futuro de nuestra ciudad.

En el casco urbano siguen produciéndose conflictos de usos de suelos con la rápida y descontrolada transformación de zonas residenciales en zonas comerciales, esto es palpable en el polígono comprendido entre las calles Miguel José, Hernán Cabral, María Trinidad Sánchez y Jorge Awad dentro del cual se encuentran no solo sectores tradicionalmente tranquilos sino que el mismo encierra una de las áreas más frescas y agradables de la ciudad que debe ser preservada. Es muy importante que las autoridades presten atención a lo que está pasando en esta zona pues las consecuencias pueden ser terribles para la ciudad.

La preservación de nuestras áreas con valor ecológico y natural es más que imprescindible en una ciudad cuyos espacios públicos y áreas verdes apenas alcanzan el 1.95% del área urbana cuando bajo ningún concepto deberíamos tener menos de un 30%. Nuestra cercanía con el mar, nuestro clima, la humedad relativa y los materiales de la que está construida nuestra ciudad la convierten en un horno, por eso debemos compensar arborizando, preservando y creando espacios públicos de calidad y áreas verdes útiles.
Es necesario actuar con sentido de urgencia en el abordaje de estas problemáticas que comprometen no solo nuestra calidad de vida sino la de las generaciones futuras, se hace urgente que los hombres y mujeres de este pueblo nos lancemos en una gran alianza a rescatar nuestra ciudad, tratando primero de revertir el desorden heredado, y segundo, dedicándonos a construir un Nagua mejor bajo una visión compartida, un criterio unificado, una sola meta de preservar y mejorar esta ciudad que como dijo Ortega y Gasset: es la casa grande de todos.

Yo acepto el reto

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