El crecimiento de la ciudad

Por: Arq. Geraldo Fernández

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Nagua es una ciudad que hace tres décadas ocupaba un área de tres kilómetros cuadrados con limites claramente definidos, en ese entonces lo “urbano” se concentraba en un polígono que partía de nuestro borde costero (tramo La Posita-Play de la Playa) subiendo hasta  la entrada de Las Quinientas y moviéndose hacia el Parque María Trinidad Sánchez o de La Rotonda y de ahí recorriendo las calles Julio Lample y Narciso Minaya hasta cerrar el polígono en La Posita. Hoy nuestra ciudad tiene un área aproximada de 25 kilómetros cuadrados pero tiene los mismos parques y las mismas calles, en tres décadas la cantidad de barrios se ha multiplicado de tal forma que existen barrios dentro de barrios y grandes barriadas en lugares vulnerables y ecológicamente frágiles. De 1988 a la fecha hemos crecido un promedio de un kilómetro por año y el 70% de este crecimiento corresponde a asentamientos informales, esto es, sectores que han surgido y crecido sin ninguna planificación, orden o un mínimo de previsión.

Actualmente los límites de la ciudad se encuentra difusos y ya nadie sabe dónde termina “lo urbano”, por tres de los cuatro puntos cardinales crecen al mismo tiempo sectores informales y urbanizaciones privadas que siguen expandiendo la ciudad. Los efectos de este crecimiento seguirán disminuyendo la  capacidad del ayuntamiento para hacer frente a los problemas de la ciudad, la ecuación es simple, mientras más grande y poblado sea el territorio, más complejo de administrar será.

A más crecimiento, mayor demanda de servicios como alumbrado público, recogida de residuos sólidos y drenaje, de obras como construcción de aceras, contenes, vías de acceso, espacios públicos, centros comunitarios, iglesias y todas aquellas instalaciones necesarias para la vida en comunidad que el ayuntamiento por su situación presupuestaria probablemente no pueda atender, produciendo las consecuencias que ya todos conocemos. Al mismo tiempo, estos sectores que crecen y se consolidan en las afueras aumentan los problemas del casco urbano pues el desplazamiento diario de las personas,  desde el centro de la ciudad hacia la periferia y viceversa aumentará los conflictos viales como taponamientos, déficit de parqueos, etc.

Promuevo, sostengo y defiendo la idea de que el ayuntamiento debe planificar y gerenciar el crecimiento de la ciudad pues le daría la oportunidad de garantizar el buen vivir de la gente, la inversión privada, preservar nuestros recursos naturales, administrar eficientemente la vocación de las diferentes zonas y lo más importante, la oportunidad de prever y prepararse para atender las demandas de una ciudad que crece vertiginosamente y que ya ha superado por mucho la capacidad de respuesta del gobierno local.

Planificar y gerenciar el crecimiento de la ciudad es una obra propia de estadistas y es más importante que cualquier obra material cosmética  que se pueda construir, pensar en crear las condiciones para que los nuevos barrios y urbanizaciones no vengan a agravar el problema que ya tenemos, es definir cuáles  serán las nuevas calles y avenidas que los conectarán, sus parques, sus espacios institucionales, sus límites. No debemos permitir que el momento de dinamismo económico y crecimiento que vive nuestra ciudad se convierta en caos, como ya ha sucedido antes, la oportunidad es propicia para hacerlo diferente y no es difícil, ya que es una actividad que no precisa de muchos recursos económicos sino de visión, voluntad y compromiso. Que esta vez lo urgente no nos impida hacer lo necesario, que el día a día no nos impide ver el mañana.

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