El “drink” como sustituto del espacio público

Por: Arq. Geraldo Fernández

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Antes de iniciar a desarrollar el tema de este artículo, quiero dejar claro que no tengo nada en contra de los colmadones, drinks o cualquier variedad de centro de esparcimiento donde se empine el codo y la gente se alegre un poco la vida dentro de una cotidianidad tan abrumadora y compleja, todo lo contrario, le dedico este breve análisis porque los veo como un interesante producto de nuestra vernácula posmodernidad adobada con dembow y la filosofía del “vive la vida, mira que se va y no vuelve” como dice Raphy Leavit en su legendaria salsa “siempre alegre”.

Dicho esto, paso a desglosar el asunto partiendo de la premisa de que toda conducta se manifiesta en la ciudad y viceversa, la forma, funcionamiento y dinámica de la ciudad influye en la conducta, hombre y entorno constituyen un ciclo infinito donde uno se manifiesta en el otro de marcada manera, de esa forma, las ciudades europeas se parecen a los europeos, las norteamericanas a los norteamericanos, las latinas a los latinos y así sucesivamente. El gran estadista británico  Winston Churchill (1874-1965) decía: “Construimos nuestras ciudades y luego ellas nos construyen a nosotros”.

Pues bien, para no ponerme muy teórico y que  ustedes dejen la lectura hasta aquí, procederé a demostrar porqué los “drinks” han pasado a ser los sustitutos, o más bien, los usurpadores  del espacio público y aunque es una situación nacional, pondré como ejemplo nuestra ciudad que es la que mejor conozco. Como les he dicho anteriormente, hace 30 años el casco urbano de nuestro municipio  tenía apenas cinco kilómetros cuadrados y un 40% de esta área correspondía a parques y áreas de esparcimiento, incluso teníamos un gran parque infantil donde hoy está el polideportivo.

Tres décadas después, el casco urbano del municipio de Nagua ha multiplicado por cinco su tamaño y su población pero irónicamente tenemos menos espacios públicos que antes, hoy nuestros parques representan apenas el 1% del área de la ciudad y si a esto le sumamos su estado de abandono, la inseguridad y  la falta de atractivos que presentan, lo que tenemos es una población urbana sin alternativas para el disfrute y esto es grave, pues se trata de la imposibilidad de satisfacer una necesidad humana vital como es el esparcimiento al aire libre.

No tengo ninguna duda, de  que estas tres décadas de inercia y pasos hacia atrás en la producción de espacios públicos de calidad, más las otras causas ya mencionadas, han modificado la manera de cómo los ciudadanos disfrutan su tiempo de ocio y como consecuencia han migrado del espacio abierto, plural, democrático, verde y sano que representa el parque, hacia el espacio cerrado, segregado y tiránico que es el “drink”, pues a pesar de ser espacios antagónicos, uno ofrece (aunque de forma distorsionada)  lo que el otro dejó de ofrecer: seguridad, diversión, ambiente social y refuerza el vínculo entre el individuo y sus semejantes.

Que el “drink” sea el sustituto o usurpador  del espacio público, es algo bizarro y surreal que solo se explica por la relación ciudad-ciudadano  planteada en el segundo párrafo de este artículo, la forma como estamos viviendo está transformando nuestras ciudades (en nuestro caso, para mal), pero esta forma de vivir, es en gran parte producto de la forma absurda,  brutal, desorganizada, desordenada y violenta en que han crecido nuestras ciudades.

El “drink”, ese lugar donde suspendemos la dura rutina y conectamos con el “yo alegre” debe seguir existiendo por el bien de los que vamos, pero también tenemos que tener más y mejores parques, por el bien de todos. De lo que se trata es de equilibrar y que todo el mundo tenga opciones para disfrutar su ciudad.

El autor es arquitecto, urbanista y pre-candidato a alcalde de Nagua por el PLD.

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