El Culto a la Personalidad.

Por: Eduard Victoria

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Nuestra región ha tenido la mala fortuna de ser gobernada por líderes populistas desde hace décadas.
El fuerte sistema presidencialista ha permitido que nuestros gobernantes, a través de homenajes, títulos, honras y veneraciones, se crean que son semidioses y únicos salvadores de su pueblo.
Cada escuela que se construye, cada autopista, cada acueducto, y cualquier otra obra realizada por el Gobierno, se levanta una placa en agradecimiento al “gesto patriótico y de desprendimiento” que tuvo el mandatario en funciones en ese momento.
En las oficinas públicas, escuelas y hasta en hospitales se ven colgadas las fotos del presidente de turno. Los medios están llenos de publicidad gubernamental en la cual no se deja de mencionar el nombre del mandatario, convirtiéndola en mera y simple propaganda, en vez de utililizarse como servicio público, o educar y crear conciencia ciudadana, que mucha falta nos hace.
No solo se ve a nivel presidencial, lo podemos apreciar en las obras municipales, donde hasta para la reparación de un simple badén aparece la foto del encargado de la Institucion que está para eso, acompañada del titulo ¨Fulanito de tal trabajando¨¨.
Este culto a la personalidad está muy arraigado en nuestra America Latina: Cuba con los hermanos Castro, Venezuela con Chavez y Maduro, Argentina con los Kirschner, Brasil con Lula, Ecuador con Correa, Bolivia con Evo Morales, y tantos otros países.
Esa tradición no fue creada por nosotros, recordemos a los lideres nefastos del siglo XX, Joseph Stalin, Adolf Hitler o Benito Mussolini. Mas actual al Dictador Norcorenao Kim Jong-un.
Nuestra República Dominicana no está exenta de ese fenómeno. Lo hemos vivido a través de toda nuestra historia republicana.
El mas recordado, reverenciado y hasta anhelado: Rafael Leonidas Trujillo.
Podemos mencionar a Joaquín Balaguer. Hay algo que quiero comentar y es que a pesar de todo los años que gobernó y todas las alabanzas recibidas, era un poco mas conservador y menos dado a aceptar con agrado elogios ridículos. Una demostración de ello fue cuando Rafael Corporán de Los Santos, Síndico de la Capital en ese entonces, sugirió cambiarle el nombre a la Ciudad de Santo Domingo, por Ciudad Balaguer, éste se irritó muchísimo, llegando incluso a darle un boche público.
Otros presidentes con un supuesto “sentido democrático” mayor, aunque sus actos han demostrado todo lo contrario, han recibido con regocijo esculturas con sus figuras. Inclusive uno de ellos fue representado como un Dios de la Mitología Griega.
A otro se le ha tildado de Benefactor de la Patria, y Filántropo. Como si las obras hechas por el Estado son realizadas con su dinero y no con los recursos de todos nosotros.
Y para colmo el hijo de un expresidente se destapa diciendo, nada mas y nada menos que en una iglesia, que “nadie llega al Padre sino a través de él, su hijo”.
Dios que blasfemia!.
Y lo peor de todo es que en vez de causar estupor esa declaración, todos los presentes se pusieron de pie y gritaron a viva voz: “¡aprobado!”.
Después de nosotros haber tenido un Generalisimo, Un Predestinado, El Jinete del Caballo alado de Zeus, varios Benefactores, Un Filátrontropo, ahora está entre nosotros los mortales: “Una Divinidad”, acompañada de ” El Divino Niño”.
Debemos dejar a un lado las lisonjas, y entender que todos esos líderes políticos tienen poder y son importantes porque nosotros se lo hemos permitido, hemos puesto en sus manos la Administración de nuestros recursos, y no tenemos que hacerle culto alguno. Son nuestros subordinados. Lo que tenemos es que exigirle que hagan su trabajo, que para eso es que les pagamos. Y creo que demasiado.
Recuerden políticos que les gustan las alabanzas que: “la función esencial de las lisonjas es lisonjear a las personas por las cualidades que no poseen”

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