Como cuando perece la democracia.

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En su libro “How democracies die” (Cómo mueren las democracias), dos politólogos de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, determinan cuatro criterios que identifican el moribundo estado de una democracia: Rechazo a las reglas democráticas, negación de legitimidad a los oponentes políticos, tolerancia o promoción a la violencia, y disposición a restringir las libertades de la oposición, incluídos medios de comunicación.

Cuando un líder es elegido para dirigir el Estado y cumple con uno de los requisitos antes mencionados, se considera que existe suficiente razón para sentirse preocupados.

En nuestra República Dominicana no solo se está evidenciando uno de ellos, sino los cuatro.
Vemos con profunda preocupación como se quiere pasar por alto de una manera descarada y tiránica las reglas de la democracia. Estamos presenciando con nerviosismo y desasosiego, que precisamente los que hicieron ese juramento solemne de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, hoy sean los que estén utilizando todas las artimañas para darle visos de legalidad al incumplimiento de la misma.

Otros de los criterios que se están cumpliendo a cabalidad es la negación a la igualdad de derechos en la propaganda política. Mientras a todos los precandidatos del oficialismo se le permite la promoción en lugares públicos y medios de comunicación, violentando impunemente la ley, a la oposición se le aplica de manera estricta y rigurosa las disposiciones legales que la prohíben. Cabe también mencionar la forma violenta con que se enfrentan todo tipo de protesta, por pacífica que sea, por parte de los organismos represivos del Estado y la desvergonzada justificación del uso de la fuerza por parte de las autoridades. Todos hemos sido espectadores del control de los medios de comunicación por parte del oficialismo; cada día se cierra mas el cerco a las voces disidentes.

Las democracias no solamente mueren con golpes militares, muchas veces pueden terminar a manos de líderes electos democráticamente que subvierten el proceso mismo que le condujo al poder.

Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, escribió en ” El Federalista”:
La historia nos enseña que todos los hombres que han derrocado la democracia y las libertades empezaron su carrera cortejando servilmente al pueblo; se iniciaron como demagogos y acabaron en tiranos.

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