La política del avestruz.

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En un mensaje dirigido a la Nación con motivo del día del padre, nuestro presidente se refirió a la actual inversión de valores como una causa de los feminicidios.

El entiende que ” la descomposición que invade el seno de las familias tiene la culpa del alarmante alto índice de feminicidios en nuestro país”.

En cierta manera el presidente tiene razón, que nuestro sistema fallido de valores es una de las causas de los feminicidios. Pero hace como el avestruz, que quiere esconder la culpabilidad de él mismo y de los suyos de esta situación.

Es bueno recordar que el partido de gobierno, al que pertenecen nuestras autoridades, tiene ya casi 20 años dirigiéndo nuestro destino, por lo que sobre ellos recae gran parte de la culpa por la que nuestra sociedad se haya ido degradando moral y materialmente.

En la República Dominicana todo el sistema está malogrado, fracasado, nada funciona, no hay régimen de consecuencias para los que hacen fechorías. Nosotros, los ciudadanos decentes, estamos huérfanos, no tenemos a donde acudir. Las mujeres que se sienten amenazadas no son protegidas y muchas veces sus denuncias son ignoradas. Ya el ciudadano ni siquiera pone querellas a la policía cuando es víctima de la delincuencia, porque entiende que no vale la pena.

Que ejemplo se le está presentando al país cuando ni el primer mandatario quiere someterse a las leyes que él mismo juró cumplir y hacer cumplir.

Cuando funcionarios altos y medios, antes unos “rotos y ruyíos”, hoy exhiben una vida de opulencia que no todo empresario o industrial dominicano pueda darse el lujo de vivir. Todo eso con nuestro dinero.

Cuando la corrupción campea libre e impunemente sobre todos los estamentos de nuestra sociedad, el mensaje que una parte del pueblo interpreta es: que el hacerse rico al vapor, no importa cómo, es la clave del éxito y es como se logra el respeto de los demás. Entonces no es justo que los responsabilicemos en su totalidad por sus actos delicuenciales y ausencia de valores. Una gran parte de la falta es de las autoridades que han dirigido nuestro país en estos últimos 20 años.

El echar la culpa a otros, rehuir de los compromisos y no dar la cara, es tener una actitud cobarde, y es una forma de no reconocer los errores. Y si los errores no son reconocidos, no hay esperanza de que vayan a ser corregidos.

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