Preocupaciones sobre el río Nagua

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Por: Geraldo Fernández

Nuestra provincia es la de mayor biodiversidad de toda la isla contando con once áreas protegidas cuya extensión territorial representa casi el 15% de su territorio. De esas once áreas protegidas seis se encuentran en el municipio de Nagua, dentro de estas se encuentran valiosos recursos naturales siendo destacable para el interés de este artículo el río Nagua.

El río Nagua nace en la Loma Quita Espuela, provincia Duarte, y tras un curso de 57 kilómetros desemboca en las aguas de la Bahía Escocesa. Su cuenca es de 252 km² la cual tiene una de las pluviometrías más altas del país (3,100mm al año) aportando junto a los pantanos del Gran Estero cerca del 50% de la humedad que cargan los vientos alisios, responsables de que llueva en las cordilleras Central y Septentrional y por vía de consecuencia de la fertilidad de los suelos del Cibao.

El río Nagua es el límite noroeste del Refugio de Vida Silvestre Gran Estero (Decreto 571-09) el cual cubre un extenso sistema de humedales, dunas y manglares y sirve de asiento a una rica y variada avifauna nativa, endémica y migratoria. Nuestro río es un importante recurso hidrográfico no solo para nuestro municipio sino para la provincia, para toda la región nordeste y para todo el Cibao.

Sin embargo, el río Nagua está pasando por un progresivo proceso de degradación ambiental que debe alertarnos y ponernos en acción para preservarlo. El aumento de la población que habita en sus márgenes tanto en las comunidades francomacorisanas de El Firme, La Guásuma, Los Guayuyos como en las comunidades locales del Kilómetro 5, Kilometro 3, José Francisco Peña Gómez, La Cruz, Buenos Aires, Río Mar y La Islita es una de las principales amenazas para este recurso natural.

El aumento exponencial de los residuos sólidos y aguas residuales que vierten estas comunidades representa una verdadera y creciente amenaza para la conservación del río. Un estudio realizado por estudiantes de la asignatura “Conservación de Recursos Naturales” de la carrera de Biología de la Facultad de Ciencias del Centro Universitario Regional Nagua encontró alarmantes niveles de contaminación en la zona que va desde el kilómetro 5 hasta la desembocadura.

Otro factor que amenaza nuestro preciado recurso natural es el aumento de la actividad agrícola en las tierras que riega durante su recorrido y el uso indiscriminado de fertilizantes y plaguicidas químicos que van directamente a sus aguas. Un recorrido por los asentamientos que han surgido en su orilla muestra también la proliferación de talleres y negocios informales que operan con materiales contaminantes los cuales vierten directamente al rio.

El aumento poblacional, el incremento de la actividad agrícola e industrial y la constante, desregulada y descontrolada actividad humana en el área de su desembocadura son amenazas reales y comprobables para un río que representa uno de los principales recursos estratégicos para el desarrollo sostenible de nuestro municipio dada su importancia ecológica, científica, su potencial como atractivo eco-turístico y su futuro como pulmón natural de una ciudad que crece sin parar.

Urge un trabajo mancomunado a gran escala por la preservación del río Nagua que incluya planes y acciones puntuales a corto y mediano plazo, que involucre autoridades nacionales, provinciales y locales en un mismo propósito, que sea constante, realista y realizable. Aún estamos a tiempo de que no “nos coja lo tarde”.

El autor es arquitecto y urbanista.

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