Protestas y revalorización del espacio público

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Por: Geraldo Fernández

Las protestas que vienen produciéndose desde hace quince días a raíz de la suspensión de las elecciones del pasado 16 de Febrero han tenido muchas consecuencias que de una forma u otra impactarán en la sociedad dominicana. Una de estas consecuencias, quizás no prevista e imperceptible para las mayorías, es la revalorización del espacio público.

Estas protestas han tenido como epicentro el emblemático monumento ubicado en la ciudad de Santo Domingo conocido como la “Plaza de la Bandera”, allí se han concentrado miles de personas exigiendo a la Junta Central Electoral una explicación por la suspensión de los comicios municipales. Este monumento fue inaugurado en 1978, su diseño es obra del arquitecto Cristian Martínez quien también proyectó los edificios que le circundan creando así un interesante conjunto arquitectónico de carácter monumental-institucional.

Observado desde arriba el monumento tiene forma de cruz (símbolo de la redención), en su centro se levanta un arco de triunfo (representando la unidad del pueblo) del cual cuelga la bandera dominicana, único elemento a color de todo el conjunto. A los lados se encuentran dos esculturas de ángeles que representan la gloria y el honor, entre estos y justo debajo de la bandera se levanta una gran escultura que representa la Madre Patria sosteniendo un soldado caído.

A pesar de tener 42 años de construida la plaza ha sido un lugar de poca relevancia en nuestra historia, siendo el hecho más significativo ocurrido sobre su pavimento la misa que celebró el Papa Juan Pablo II el 26 de Enero 1979. Este evento permitió que el mundo conociera nuestra plaza de la bandera, pero aun faltarían 41 años para que esta sirviera al propósito fundamental de todo espacio público de su tipología.

Los espacios públicos son importantes y definitorios para las ciudades y para las manifestaciones de la vida urbana, pueden diseñarse para ser espacios culturales, recreativos, deportivos, de ocio, de intercambio comercial y como en el caso que nos compete, para convertirse en lugares que preserven y eleven la conciencia nacional, los valores patrios y la historia de un grupo humano determinado.

Estos espacios son proyectados para ser parte del patrimonio histórico y cultural de los pueblos, para trascender en el tiempo y para rendir culto a los valores fundamentales de una sociedad. Por esto digo que el ejercicio ciudadano y el derecho a la protesta ejercido en los últimos días en la plaza, han contribuido a la revalorización de este espacio en el imaginario colectivo dominicano, principalmente para las nuevas generaciones que nunca más verán la “Plaza de la Bandera” con indiferencia.

El gran líder británico Winston Churchill (1874-1965) dijo en una ocasión: “Nosotros construimos nuestras ciudades pero a su vez las ciudades nos construyen a nosotros” y esto es así, pues una ciudad es expresión de la sociedad que la habita y quienes la habitan a su vez reflejan el espíritu de su ciudad. Mientras más ciudadanía se ejerza en una ciudad, más espacios públicos tendrá y más estos se usarán, pues son los lugares por excelencia para el intercambio social, cultural y político, desde el ágora de los griegos hasta nuestros días.

Los miles de jóvenes que han asistido a la plaza cada noche de los últimos días, sin quererlo le han dado a esta el significado que no tenía. Ahora la plaza es más que espacio vacío, concreto gris y banderas ondeando, ahora es un lugar con vida, historia y compromiso, un lugar que vibra con las energías de la juventud, listo para recibir en sus escalinatas y bajo su arco a cualquier grupo o individuo que tenga algo que expresar, una idea o una acción a beneficio de nuestra nación.

“Civitas optimo lure”

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