Hacer un mal puede generar un bien mayor.

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Por Eduard Victoria

Muchas veces hemos sido testigos de acciones y hechos que evidentemente son muy malos, pero dan como resultado situaciones que a la larga producen efectos positivos.

La muerte de Gerald Floyd por parte de un agente policial el 25 de mayo, ha causado indignación y provocado una ola de protestas en los Estados Unidos y el mundo, contra la discriminación y el trato policial a los afroestadounidenses.

Estas protestas tienen un ingrediente que no existían en otras: es que también personas blancas anónimas y de todos los estratos sociales, están inmersas en ellas; además de empresas que generalmente se colocan al margen de los conflictos raciales como Nike.

Enormes emporios como el Citigroup, pequeñas compañías de negocios familiares en todos los Estados Unidos se han sumado a la lucha con campañas y donaciones.

Desde Londres, Madrid, Brasilia, Ciudad de México y muchas otras ciudades, la gente está exigiendo respeto y el fin de la discriminación hacia las minorías étnicas.

Es muy probable que después de estos eventos se logre cambiar muchas actitudes y normas por parte de las autoridades del orden público hacia las personas de color. Como los amplios paquetes de reformas policiales que están preparando los demócratas en el congreso, así como también la reestructuración de los requisitos de capacitación, como la prohibición de los estrangulamientos.

Hay muchos otras acciones y eventos que nos parecen en el momento que son malos, pero producen buenas cosas.

Otro ejemplo notable es la decisión por parte del Presidente de la República de escoger como su sucesor en la administración pública al individuo menos preparado para ello, al mas vulnerable a los ataques de sus oponentes, por la manera en que se manejó en la institución que dirigió, y a su cuestionado y acelerado enriquecimiento.

La selección de este individuo, y la forma en que fué impuesta su candidatura, se ha interpretado como una iniciativa que le ha hecho mucho daño a nuestro sistema democrático y a la sociedad en general.

Es un candidato que, a pesar del uso descarado y abusivo de los recursos del Estado, no se ha podido lograr posicionar en las preferencias de la mayoría del electorado.

La inhabilidad de hilvanar las ideas y su evidente incapacidad de comunicación, además de su discurso populista que ya no convence, y una campaña fundamentada en dádivas, le ha impedido obtener la favorabilidad de las mayorías.

En este caso, un mal, la imposición de dicho individuo como candidato presidencial, ha generado un bien mayor, para la gran mayoría de los dominicanos, que es: la unión de casi toda la oposición y de una gran parte de la sociedad para lograr la salida del poder del Partido de la Liberación Dominicana.

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