El fin al culto personalista.

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Por Eduard Victoria

El Presidente Luís Abinader en uno de sus twits escribió: “Invito a los servidores públicos a abstenerse de colocar la fotografía del Presidente en sus despachos”.

Es una invitación que hace entender que estamos por superar la larga tradición populista y personalista de todos aquellos que han pasado por la Presidencia de la República.

En el año 2014 el entonces presidente de Costa Rica, Luís Guillermo Solís, adoptó la misma medida mediante decreto, llegando incluso a prohibir las placas con su nombre en las inauguraciones. Reiterando que las obras no son de un gobierno, o de un funcionario en particular, sino del país.

El nuevo gobierno dominicano está dando pasos al reestablecimiento del respeto a las instituciones. En la pasada Administración, el desacato y el irrespeto al orden establecido y a la institucionalidad, era una práctica habitual. Funesto legado dejado a nuestra sociedad por los infames regímenes peledeístas.

El presidente en un gran gesto democrático pide a los diputados a “no ser un sello gomígrafo del Poder Ejecutivo”. Los llamó a “discutir y enriquecer los proyectos de ley que él envíe”.

Atrás quedaron esos tiempos en que un mandatario vociferaba ” yo quiero mí congreso”; ante una multitud que no entendía lo nefasto, para una democracia, de carecer de controles y contrapesos que limiten y eviten que un poder del Estado se imponga abusivamente sobre el otro.

El pueblo espera que los funcionarios pertenecientes a la administración pública, emulen con sus actos las demostraciones de respeto a las instituciones dada por el Presidente. Que ejerzan sus funciones con honestidad y transparencia. Sabemos que es mucho pedir, pero es importante recordarles que nuestra sociedad es mucho menos tolerante ante el dolo y las arbitrariedades; asimismo este gobierno, al parecer, no será de los que estará protegiendo a los funcionarios corruptos.

Aparentemente nuestro presidente quiere hacer un gobierno decente, que respeta el estado de derecho y que pretende acabar de una vez por todas con la herencia autoritaria y trujillista del culto a la imagen presidencial.

Enhorabuena!

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