Algunos políticos tienen un ego negativo, que les hace creer que son superiores a los demás, buscando el reconocimiento y el poder sin importar cómo, imponiendo su voluntad y despreciando a los que piensan diferente. Estos políticos pueden ordenar o financiar obras monumentales que solo sirvan para exaltar su personalidad o su ideología, y que supongan un derroche de recursos públicos o un daño al patrimonio cultural o natural.
Esas obras monumentales, muchas veces, no tienen un valor real, sino que solo pretenden impresionar y dominar a las masas con su poder y su gloria.
Estos políticos con ego negativo pueden ser considerados como megalómanos o narcisistas. Tienen una autoestima inflada y distorsionada, que les hace buscar el poder y el reconocimiento a toda costa, sin importarles los medios ni las personas.
Estos trastornos pueden afectar negativamente al desempeño político y al liderazgo, ya que pueden generar conflictos, corrupción, violencia, autoritarismo o populismo.
Esas clases de políticos no rinden cuentas ni asumen responsabilidades por sus actos, y se escudan en su ego negativo para justificar sus obras monumentales. Estos políticos no merecen el respeto ni la confianza del pueblo, sino el rechazo y la denuncia.